Cuando hablamos de la estructura de una esponja, no sólo debemos tomar en cuenta los pseudotejidos característicos de dichos organismos, también se cabe mencionar que se trata de un sistema de canales por donde las corrientes de agua son bombeadas con el fin de proveer nutrientes al todo el organismo. Ahora bien, si se toma en cuenta la cantidad de microorganismos que contiene el agua marina, no se puede realmente estimar cuántos de ellos se fijan a la esponja por cuestiones de supervivencia, pero está claro que la superficie disponible para ellos es bastante.
¿Quiénes son estos microorganismos? ¿Representan una amenaza o una ventaja para la esponja?
Las esponjas sirven de hospedero para una amplia gama de microorganismos, vamos desde las bacterias, hongos, microoalgas, protozoarios, hasta organismos más complejos como otros invertebrados, como por ejemplo, los ofiuros. Pasando de relaciones simbióticas desde mutualistas, parasitarias e incluso comensalistas.
En el caso específico de bacterias, muchas veces éstas pueden tener un doble rol en su interacción química con la esponja; puedes representar una amenaza patógena letal o bien pueden ser útiles simbiontes. Los microsimbiontes han sido los pasajeros secretos de la evolución, interactuando con sus hospederos, siendo muchas veces los verdaderos responsables de los productos naturales que posee su hospedero.
Se estima que entre 40% y 60% del total de la biomasa de la esponja está representada por sus microsimbiontes, lo que nos hace suponer que los metabolitos secundarios pueden provenir de estos peculiares inquilinos y no realmente de la esponja per se. Se trata de una relación mucho más íntima donde la esponja provee alimento y los microsimbiontes la protegen por medio de sus “armas” químicas, aportando una ventaja adaptativa con respecto a otros organismos sésiles.
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